Las historias de la calle también pasan puertas adentro. A veces son las oraciones cantadas frente altares improvisados, o el silencio de la contemplación, los que unen más que la palabra. Presencias reales y pasadas, despedidas y encuentros aglutinados por la risa. Una comida (para todas las preferencias) alrededor de una mesa intercambiando anécdotas, y debatiendo utopías, propias algunas, prestadas otras pero, ante todo, compartidas.
Las historias de la calle nos hacen compañeros. Y nos encontramos, lado a lado, riendo, como Él (como ellos) a la mesa; reposando en los demás…permitiéndonos el descanso, lamiendo heridas y recuperando fuerzas, estrechando los lazos para mañana, más firmes, más llenos de Su presencia (que siempre estuvo en nosotros) retomar el camino.
Y hoy, nos veo más altos.
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