viernes, 14 de diciembre de 2012

La historia que nunca quisimos contar

Seguramente nadie habra querido llegar a publicar un post como este.
Seguramente nadie hubiera deseado haber vivido lo que acontencio aquellos dias. Desde ya. que pasado mas de un mes, la herida fue profunda y cuesta aun recomponerse de semajante dolor. La distancia hoy nos brinda cierta proteccion para hablar con claridad y mayor serenidad. Pero seguramente nadie sera el mismo luego de aquellos acontecimientos.
Una visita a la "ranchada", comun como todas. Pero uno de los chicos comienza a psicopatearnos como ya es su costumbre. Todo lo que normal parecia, guardaba en su interior la anormalidad absoluta.
Este joven consigue una lapicera que amanazando y luego de manera suave intenta clavar en el cuello de uno de nuestros voluntarios. Todos sabíamos que no buscaba herirnos sino tan solo provocar ese miedo que los eleva por encima de aquel agujero gris llamado "marginacion", pero una lapicera zumbando el cuello pone a veces en juego nuestra teoria. La contienda no dura mucho y al alejarnos del sitio, el joven le dice a 4 que venia de frente que nos peguen un "puntazo". 2 de ellos frenaron, desoyeron las ordenes dadas y se despidieron con un calido abrazo, mezclado con olor a poxi.
Al dia siguiente, caen los otros 2 jovenes que venia de frente en aquella noche y no se detuvieron a despedirse. Con la excusa de habernos salvado la vida por no acatar la orden dada por su compañero, pidieron unas zapatillas.
 El coordinador sabia que los limites habían sido transgredidos ampliamente pero que los codigos en la calle eran así y si queríamos continuar con nuestra actividad, debíamos aceptar y otorgar su petición   Luego de probarselas, como ninguna zapatilla era de su agrado, las arrojaron por el aire y al grito de " si los vuelvo a cruzar en la calle, les juro que le pego un puntazo " se marcharon.
Hemos temido mucho por nuestra salud y han sidos días duros en los cuales debimos evitar ciertas zonas. Evitar ciertas zonas de nuestro propio barrio. Cada vez que pisábamos las calles el temor nos invadía  Fue muy duro este mes y algunas secuelas quedan.
El grupo afortunadamente no sufrió daños mas que lo expuesto. Debimos dejar de caminar por un tiempo e intensificar nuestra oraciones. Lo mejor que pudimos hacer fue aferrarnos a nuestra fe y buscar juntos la fuerza para continuar. No es el fin pero el año sera otro comienzo. Redifiniremos los métodos pero la misión permanece de pies y hasta con mas fuerza.
Jesús vive en la calle y aun nos pide que la caminemos junto a el.
Recen por nosotros ...

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